Último discurso

Último discurso de J.N. Bialik, en 1934, pocas semanas antes de su muerte. El tema tratado la situación imperante en Israel en aquellos momentos.

NO HAY NADA NUEVO BAJO EL SOL

El siguiente discurso fue pronunciado por J.N.Bialik el sábado 19 de nisán antes de viajar al exterior.

“Me ausentaré del país a causa de una enfermedad.

Registro también la enfermedad que aqueja a nuestra ciudad de Tel Aviv y a nuestra población en general en estos momentos.

Los síntomas de la enfermedad surgieron en los últimos tiempos. Inicialmente en relación con nuestros hermanos que lograron huir de las desgracias acontecidas en Alemania y en otros países.

En lugar de preocuparnos por ellos y prepararles un lugar donde poder vivir tranquila y dignamente, no en simples cabañas transitorias, aprovechamos su desgracia para obtener dinero en forma incorrecta.

¨”… Dios tendrá guerra con Amalec de generación en generación”*,”… de cómo te salió al encuentro en el camino”*…. y naciones enteras fueron aniquiladas….” por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino cuando salisteis de Egipto”*…….

¿Cómo recibimos nosotros a nuestros hermanos “refugiados de guerra”?

Elevamos el precio de los alquileres y los despojamos de sus últimas monedas.

La segunda señal de la enfermedad es la despreciable especulación que nos corroe como la polilla.

El brillo del satán del oro encandiló nuestros ojos.

Nos jactamos de nuestra grandeza y florecimiento en un lugar donde sólo hay una agitación vacía a causa de la especulación.

Un dunam pasa diez veces de mano en mano y su precio aumenta constantemente y

pensamos que esto es florecimiento, crecimiento.

La tierra no tiene más valor que el que ella puede otorgar a las personas, a través de alimentos, en momentos de emergencia y peligro.

Nosotros hacemos con la tierra lo que la especulación realizaba con el pan en épocas de guerra y revoluciones.

Un a bolsa de harina pasaba decenas de veces de mano en mano y finalmente regresaba una y otra vez a la misma mano mientras su precio aumentaba hasta llegar a sumas alarmantes.

En definitiva no era más que una bolsa de harina. Los “millones” que se falseaban se volatizaban como humo.

El tercer indicio de nuestra enfermedad es la huida del pueblo a la ciudad.

Un gran beneficio nos deparó el destino, fuimos bendecidos con un obrero judío que pasó a vivir a la aldea con el fin de renovar nuestras plataformas de vida, con el objetivo de asociarnos con la tierra.

Y he aquí, que ahora, con la agitación de la mentira producida por el engrandecimiento en la ciudad, abandona el obrero la aldea resignando nuestras posiciones nacionales y pasa a vivir una vida más fácil en la ciudad.

Y de aquí se desprende otro gran inconveniente. Un cuarto presagio para la enfermedad del momento, la mano de obra extraña, la gran conquista de decenas de años, nuestra gran fortaleza nacional, la mano de obra judía, se esta destruyendo frente a nuestros ojos y nosotros no nos preguntamos ¿qué haremos mañana, en un día de peligro, cuando obreros extranjeros llenen nuestros asentamientos?¿ quién nos defenderá en un día de convulsión y catástrofe?.

Y he aquí el síntoma principal de la enfermedad que nos aqueja; una tremenda desintegración interna, disputas entre los partidos políticos, odio entre hermanos, episodios de auto-destrucción por parte de los partidos extremistas.

La población esta enferma, al igual que nuestra Tel Aviv, y yo auguro y les auguro que tengamos el privilegio de observar a mi regreso signos de mejoría.”

•Éxodo 17,16

•Deuteronomio 25,18

•Deuteronomio 23,4